La frontera en la poesía: Jorge Cid y la Crisis Migratoria en Europa

Con una tupida barba negra y un chaleco azul índigo, Jorge responde muy animoso las preguntas. Está sentado en lo que pareciera ser el living de su casa. La cámara de su computador portátil no deja ver mucho, pero sí destaca una cosa: los cuadros en las paredes. En ese minúsculo rectángulo de visión que permite la reunión de Zoom logré contar siete piezas de arte: un atisbo de su gran interés por la cultura y por conectar con otras realidades del mundo, que se refleja en su más reciente obra poética: Éxodos.

Jorge es licenciado en educación y profesor de español, además obtuvo un doctorado en lengua y literatura en Francia. Actualmente, es profesor de literatura en la Universidad Adolfo Ibáñez. Sin embargo, la entrevista de hoy se enfoca en su pasión y lado más artístico: la poesía. Autor de Éxodos y Una Lengua en Trance Jorge Cid habla sobre el día a día de un poeta y lo que significa escribir sobre la frontera.

Por Magdalena Garrido Bartucevic

LF: ¿Cómo es el día a día de un poeta?

J: Yo creo que el día a día de un poeta no tiene tanto que ver con escribir propiamente tal, sino con una percepción poética de la vida y el mundo, una forma de interpretar los sucesos del día a día. Es estar en frecuencia con la musicalidad de las palabras, porque la poesía tiene que ver con ideas, pero también con cómo esas ideas son puestas en la página y son dichas. En ese sentido, el trabajo del poeta pocas veces se puede cuantificar en versos o páginas de escritura, sino más bien en percepciones, sensaciones, asociaciones. Yo creo que el trabajo del poeta es estar atento a esa serie de sentidos que pueden formar la materia prima de nuevos poemas.

Yo escribo la menor parte del tiempo, pero lo interesante es cuando uno se pregunta ¿Cuánto tiempo te demoró escribir este poema? No son los diez o quince minutos o la hora que tomó escribirlo y corregirlo, sino que tomó años de tu vida, porque uno va conociendo nuevas palabras, nuevas experiencias vividas. Entonces es muy difícil saber hace cuánto estoy trabajando el poema que escribo.

El día a día tiene que ver con una forma de habitar el mundo y de vivir permanentemente en poesía. Incluso en esta conversación puede estarse generando contacto, encuentros de conceptos, un intercambio humano a veces te deja muchos sentidos nuevos, entonces el trabajo del poeta es estar atento a eso, siempre atento.

LF: ¿Desde cuándo escribes?

J: Buena pregunta. Mi primer poema yo creo que lo escribí a los quince años. La adolescencia tiende a ser el momento en que los poetas despiertan. Pocos tienen conciencia de serlo cuando niños, algunos sí, pero en general es en la adolescencia, porque hay una serie de hormonas que se revolucionan, los hombres y las mujeres comenzamos a entender conceptos abstractos y en ese momento uno empieza a experimentar con la plasticidad de las palabras y ahí yo escribí mi primer poema. Empecé a participar en talleres literarios en Concepción, que es la ciudad de la que soy originario.

LF: ¿Cómo supiste que querías empezar a escribir?

J: Ojalá que le pueda hacer sentido a las personas que tienen la inquietud literaria. Lo que pasa es que hay un momento en el que uno empieza como a paladear una frase. Una frase que tiene como una vibración, una música en particular. Palabras que a uno le gustan más como suenan, o de pronto una frase que podría ser el primer verso de un poema. Es como cuando uno tararea una canción que ya escuchó, a veces vienen frases a la mente, a la memoria y uno empieza a paladearla, a degustarla y dice «esto podría ser el comienzo de un poema», “esto es demasiado lindo para olvidarlo, quizás la mejor forma de registrarlo puede ser un poema”. A mí me gusta mucho una expresión de Paul Valéry que dice que «la poesía es una oscilación entre sonido y sentido», entonces ese sentido es idea sí, pero quizás por sobretodo es sonido, musicalidad, armonía.

LF: ¿Sobre qué fue tu primer poema?

J: Muchas veces los poetas aprendemos a escribir jugando a copiar a otros poetas, son como ejercicios de imitación a través de los cuales vas encontrando tu propia voz, porque esto no es así como que  empiezas escribiendo con tu estilo propio, sino que es una búsqueda bastante morosa y demorosa.

Yo me acuerdo que en esa época, en el taller literario al que yo asistía en Concepción con el poeta Tulio Mendoza, revisamos a Eduardo Anguita, que es un poeta chileno muy interesante. En particular leíamos su poema «Venus en el pudridero», yo se lo recomiendo a todos los que pueden estar leyendo esta entrevista, porque ese poema me hizo descubrir que para mí no se trataba de un interés de lectura, sino que también de escritura. El poema que yo escribí era muy largo, un poco como “Venus en el pudridero” y la verdad de qué trataba específicamente me cuesta recordar, pero sí tengo muy nítido el recuerdo que era un ejercicio de imitación en base al cual yo comencé a descubrir mi propio estilo.

LF: ¿Cómo te sentiste cuando te enfrentaste a tu primer poema?

J: Yo creo que me parecía un poco que Eduardo Anguita en ese poema porque pensaba el cuerpo, la sensualidad, de una manera que me hacía sentido. En general, puede ser un poco estereotípico y quizás para otras personas sea diferente, pero a mí me parece que muchas veces las personas que llegan a la poesía se sienten poco comprendidas por el medio, por su contexto, buscando una especie de empatía, lecturas que puedan ayudarles a encontrar sentido en su vida.

Yo sentía, en ese momento en particular, que la escritura de Eduardo Anguita me interpelaba. Me sentía menos solo en el mundo imitándolo. Son historias muy sutiles, hay que estar atentos a esos diálogos a veces intergeneracionales que se dan entre los libros y las personas.

LF: ¿Cuáles fueron tus referentes?

J: Yo creo que siempre vamos sumando nuevos referentes, pero en aquel momento Eduardo Anguita lo era todo. Por supuesto que a poco andar y sobretodo habitando Concepción, en el amplio sentido de la palabra, la lectura de Gonzalo Rojas me marcó muchísimo. Un poeta originario de Lebu, que se avecindó en Chillán, que ganó el premio Miguel de Cervantes, claramente universal. No somos solo las personas de la Octava región las que nos sentimos interpelados por su poesía, pero sí entramos en una frecuencia particular porque reconocemos nuestra ciudad, nuestro clima un poco cristalizado en sus poesías.

Pasa lo mismo con Thomas Harris, la Octava región en general es una cuna de escritores, un poco más allá, en lo que actualmente es Ñuble, están los Parra, pero también de lo que se dice poco es que de Niblinto o San Sebastián, una localidad de Ñuble, es Víctor Jara.

Mi hipótesis es que algo pasa entre el Bío Bío y Ñuble, están naciendo poetas interesantes.

Entonces esa es como la cofradía que me fue inspirando y haciendo sentir esta necesidad de escribir. Coincidentemente o no, son escritores regionales. Gonzalo Rojas sigue siendo un gran referente para mí.

 

***

 

LF: Pasando un poco a tu libro Éxodos ¿Por qué escribir sobre migración?

J: Gran pregunta. A propósito de mi libro Éxodos, me gustaría comentar que la portada es la obra del artista colombiano Andrés Parra, quien hizo esta especie de colgante de cadenas con los colores de la bandera de Colombia. La instaló en su espalda como una especie de yugo, como algo que constituye una gran carga, algo así como que tu bandera te condena, tu bandera define o puede constituir un yugo en tu vida y en el mundo.

Sobre la migración

En mi caso fue una situación que mezcla un poco lo vital con la reacción que cualquier persona puede tener en el mundo frente a la crisis humanitaria relativa a la migración muy severa como lo que se vive en África del norte o Sub Sahariana.

Yo leía diariamente una serie de diarios y me daba cuenta de que la crisis en el Mediterráneo estaba dejando a miles de víctimas cada día. Era un momento anterior a la publicación de la foto de un niño sirio muerto en una playa, que de cierto modo dio un giro muy importante en la política exterior de la Unión Europea (UE). La opinión internacional miró por primera vez la migración como una crisis de cuidado, pero anterior a eso los medios cubrían los enfrentamientos de las policías de fronteras con inmigrantes en balsas en el mar Mediterráneo y básicamente era como un conteo permanente de víctimas. Yo me sentía muy solo como lector de diario constatando toda esta tragedia sin que hubiera enérgica reacción de parte de la humanidad. En esa época vivía en Francia y me parecía que la reacción de la UE era mediocre respecto del volumen de muertes de las que estamos hablando.

Escribí de migración simplemente porque fue una reacción visceral respecto a una frustración personal que tenía de no poder hacer nada por todos esos cuerpos, y porque es un tema que entra en frecuencia también con lo que yo vivía como migrante en Francia. Si bien fue una experiencia muy distinta a las realidades que son referidas en el libro, que son bastante extremas y trágicas, no podía evitar sentirme interpelado por el tema de la extranjería.

Este poemario yo lo escribí el 2014, pero fue publicado el 2019 y el tema de la migración no ha dejado de ser cada día más palmario y quién lo hubiera dicho, pero vino a golpear nuestra puerta también.

LF: ¿Qué significan entonces los fragmentos de diario que aparecen junto a algunos poemas en tu libro?

J: Efectivamente es un rasgo muy peculiar de este libro. Los poemas están intercalados con citas de diarios como El País, Le Figaro, de noticias que anunciaban o informaban los últimos aciagos eventos de la inmigración. Los fragmentos de noticias que cité son porque en sí mismos, a pesar de estar en un lenguaje completamente periodístico, me parecían que eran un poema por la paradoja con la que daban cuenta siempre en un registro muy dramático.

Por ejemplo: «Leonarda de quince años estaba en el autobús con sus amigos de camino a la escuela cuando la policía fronteriza vino a arrestarla para expulsarla». Eso se publicó en Le Figaro y fue en el marco de una serie de expatriaciones que tuvieron lugar en el 2013. El presidente de Francia de ese entonces pasó por alto una convención internacional respecto a que no puedes expatriar a menores de edad escolarizados, es una convención básica de humanitarismo. Esta niña estaba en medio de un paseo y llegó la policía para llevarla, se trataba de una inmigrante de etnia romaní y eso evidentemente generó gran estupor en Francia.

Es demasiado fuerte para estar indiferente ¿Qué puedo hacer por eso? Con mis armas de poeta solo registrarlo, publicarlo y hacer un poema que quizás conmueva a los indiferentes de este hecho. Eso un poco sobre cómo este libro trabaja sobre la textualidad periodística y la lleva a la poesía, pero reconociendo el mérito que ese periodismo tiene, respecto a mostrarte la realidad sin ambages.

LF: ¿Te interesaba de antes la migración o te voló la cabeza estando en Francia con este contexto que señalas?

J: Sí, mira a mí me gusta esa expresión, esto de que «me voló la cabeza», me hace mucho sentido. Creo que el hecho de que haya pasado una temporada en Francia fue muy significativo para interesarme posteriormente por esta problemática, mi experiencia en Francia fue muy positiva. Sin embargo, en las experiencias de implantación de una cultura que no es la materna siempre existen fenómenos de adaptación, armonizaciones que se pueden tener con mayor o menor éxito. Siempre existe la nostalgia y particularmente en una persona como yo, que es tan apegada a la lengua materna.

Yo nunca dejé de escribir en castellano, nunca me sentí interpelado por escribir en francés, por mucho que me fuera muy bien con esa lengua necesito mucho el castellano de Chile, con todo lo que tiene de coloquial, de oralidad. Me gusta la poesía como un registro de lenguas evanescentes, esas lenguas que no están fijadas en una gramática, que a veces se desprenden de la intimidad, ese lenguaje de amigos que a veces inventan palabras, como dejar registro de esas lenguas que pueden desaparecer, eso me gusta.

 

***

 

LF: Pasando a Chile, ahora estamos viviendo una crisis migratoria y si bien no es tan notoria ni mortífera como lo fue en Europa, sigue siendo importante. Me gustaría saber tu opinión sobre cómo se está llevando este tema en el país.

J: Me parece una pregunta muy significativa de tu parte. Yo creo que se podría decir que hay diferencias respecto a la crisis del Mediterráneo hasta un cierto punto, que es cuando ya se empezó a hablar de una inmigración terrestre por el desierto.

Las autoridades no pueden descartar que en el desierto haya cadáveres no registrados de inmigrantes que no superaron el desafío del frío del desierto en las noches o que hayan sido víctimas de redes ilegales de inmigración, conocidas como «trochas» en la jerga de inmigración venezolana. Porque ese es el punto, la desesperación de las personas por desplazarse es un campo propicio para el desarrollo de mafias. Sabemos que un ingreso ilegal a Chile desde Venezuela vale aproximadamente 1800 dólares, lo que justifica un interés en grupos inescrupulosos por movilizar gente.

Algunos habrán llegado, a otros podrán haberlos abandonado en mitad de la selva amazónica de Bolivia, esas cosas nosotros no las podemos saber. ¿Qué pasa si alguien tuvo una crisis de apendicitis en medio del camino en trechos que tienen que caminarlos? ¿Se detuvieron a esperarlo? ¿Lo llevaron a una clínica? No lo creo, entonces creo que eso de mortífero resta a precisarse, creo que el tiempo nos hablará de eso cuando los testimonios de la trocha comiencen a revelarse, todavía es muy reciente.

Sobre el racismo en Chile

Yo creo que todos los grupos étnicos o de distintos países han tenido experiencias muy distintas. En este momento estoy realizando una investigación respecto de poéticas migrantes de venezolanos y haitianos y los testimonios son bastante dispares. En la poesía haitiana uno puede ver como tema principal el racismo, un racismo muy crudo, a veces cuesta creerlo por la crudeza, pero que es ejercido por chilenos contra haitianos. Yo creo que es una comunidad muy vulnerable en este sentido a abusos, sobretodo por las limitaciones que les impone su lengua.

Es muy distinto a lo que me parece que viven los venezolanos, cuyos testimonios están más ligados a un sufrimiento de violencia administrativa respecto de los trámites de migración, pero no necesariamente una coerción directa de parte de los chilenos, evidentemente hay excepciones. Pero me parece que la población haitiana es la que padece de forma más significativa lo peor de nosotros: la xenofobia y el racismo.

LF: Sí, terrible. Realmente. Claro y con lo de mortífera yo me refería más bien a lo visiblemente mortífera que era la crisis migratoria en Europa.

J: Quisiera agregar algo que a mí, una reflexión que me acompaña.

Por una parte tenemos a los inmigrantes ilegales: adultos en su mayoría o niños que llegaron de su mano, que si bien no están registrados por los sistemas de inmigración de Chile, traen un pasaporte en general. Pero ¿Qué pasa con los niños que son concebidos aquí en la ilegalidad y que no pueden ser llevados a un registro civil para que se les genere un carné de identidad o un pasaporte o lo que sea? Son seres humanos que no existen, que varan en un limbo y queson susceptibles a ser objetos de los abusos más impresionantes, porque pueden desaparecer, pueden ser utilizados, pueden ser incluso esclavizados y si no hay registro de ellos nadie puede ejercer, por ejemplo, una denuncia por presunta desgracia u otro.

Yo creo que las democracias modernas están llamadas a actuar con humanidad respecto de la vulnerabilidad de los cuerpos y de los seres humanos, sobretodo cuando hablamos de niños, de lactantes, que en atención con la ilegalidad con la que han sido rotulados sus padres padecen una vulnerabilidad difícil de imaginar.

A mí esto, no podría decir que me atormenta porque no lo vivo personalmente, pero me preocupa profundamente. Son esos niños de los que no tenemos noticia, eso yo creo que es un tema que debiera de escandalizarnos como democracias modernas, que creo que es lo que aspiramos a ser como país.

 

***

LF:¿Cómo es tu proceso creativo? ¿Desde qué momento piensas el poema hasta que ya está listo, cuántas veces lo editas?

J: Hay quizás tantos procesos creativos como poetas. En mi caso tiene que ver con una frase, puede ser una palabra o tres que aparecen en mi mente y yo digo mmm… y vuelve a aparecer y es como, en mi visión, un poema que se me avecina, que se me aparece.

Yo digo «esta frase está muy buena», como que quiere nacer, como que quiere salir, la escribo y el poema comienza como a desmadejarse, a desplegarse en la hoja y a veces escribo, escribo, escribo como llevado por lo lindo de las palabras y después digo «oye, está coherente, no era solo una seducción de los sonidos”.

En mi caso no tiene que  ver mucho con disciplina o con sentarme a trabajar, sino que ese poema aparece y yo casi que solo lo transcribo. Es más bien como que trato de prestarle atención a esa idea que está surgiendo un poco, me pongo a su disposición y no me detengo hasta que llego a un punto final y digo ah, ahí está el poema. Si lo leo, está bueno y me satisface, existe y si no está muy bueno, digo “no, no salió bien” y lo descarto. Es una cosa de vibraciones, de frecuencia y no es por sonar esotérico, pero son cosas que vienen no más.

Eso es lo que pasa, la poesía es de chispazos. Por ejemplo antes podías escribirlo con un lápiz en una boleta, ahora uno siempre tiene el teléfono con un blog de notas, puedes hasta dictarle al teléfono.

Yo me acuerdo cuando era adolescente, lo escribía en una boleta o en una servilleta para que no se me olvidara, para agarrar esa línea. En mi caso es algo más espontáneo, como que emana, brota. Yo sé que hay otros poetas que son como más de disciplina y de trabajo, pero en mi caso no.

 

Te voy a contar una anécdota: el poeta Gonzalo Rojas cuando tenía una idea de un poema tomaba un cuchillo y lo lanzaba contra una puerta que había en su escritorio. Si el cuchillo quedaba ensartado y vibraba, decía “lo voy a escribir”. Si el cuchillo caía y no vibraba, era una señal de que ese poema no traía una vibración potente, entonces lo descartaba.

Para que veas que el trabajo poético a veces es muy de cábala, muy de rito, porque el poema tiene que ver con ritmo, no solo con palabras. Es la proyección en palabras de la respiración de un ser humano, el poema tiene cortes de versos, comas y puntos. Esas pausas significan que uno respira y cuando uno lee un poema de un poeta muerto y lo declama, entras en frecuencia con la respiración de ese poeta. Esa es una reflexión que me gusta traer a la conversación cuando hablamos de formas de crear y de lo que representa un poema.

LF: Qué loco!

J: Loquísimo!

LF: En relación con tu poemario ¿Fueron primero los poemas o fue primero el poemario?

J: Esa pregunta tiene que ver con algo particular que pasó en mí como poeta y es que cuando escribí mi primer libro Labia larvaria, solo tenía poemas de distintos temas. Era adolescente, entonces era otra forma de crear, era otra persona. Yo lo que hice fue encontrar tres líneas temáticas, entonces hice tres capítulos en la obra.

En Éxodos en cambio, hubo una mañana que escribí cuatro poemas de una vez. Empezó como a emanar de una manera muy frenética y eran todos sobre el tema de la migración, como que se interceptó este escándalo que yo sentía de ver a tanta gente morir en el mar a través del diario, con ciertos dolores personales respecto de la migración. Y ahí se generó una sinergia y empecé a disparar poemas de una manera muy inusual, porque yo no escribo muy seguido. Y dije «ah, parece que esto va para libro». Pero es primera vez que yo pienso un tema que pueda generar varios poemas.

Es casi como tu pregunta: surgieron los poemas, pero rapidito surgió Éxodos, como una bolsa a ser llenada con poemas de este tema, porque yo me daba cuenta que se me cruzaron unos cables que decían «tienes que hablar poéticamente de esto”.

LF: ¿Qué significó para ti darte cuenta que querías escribir un poemario sobre un tema tan crudo?

J: Si bien es súper naif, no me da vergüenza decirlo.Yo escribí esto porque sentí que no había reacción coherente con la tragedia de la que estamos hablando. Me parecía que, como te decía en un primer momento, Europa como comunidad no escuchó la tragedia de todos los cuerpos que estaban varando en sus costas. Entonces yo escribí este poemario con una naif intención de denuncia. Digo naif porque la poesía no se va a reflejar en los estadios, no va a conmover a las masas, pero es lo que yo podía hacer, registrarlo para la posteridad. Negro sobre blanco en un impreso.

Y sucedió que cuando se fue a publicar, ya la gente estaba más atenta al tema de la migración, entonces tuve que matizarla, suavizarla, porque en un principio buscaba impactar con imágenes crudas, pero después resultaba morboso en un nuevo escenario internacional, en el que el debate de la migración ya había tomado cierto cuerpo. Ya no hay necesidad de conmover un témpano, ahora es conmover a un humano que ya abrió los ojos.

LF: Vamos a pasar a la última parte de la entrevista, son preguntas cortas así que tienes que responder rápido y con una palabra. Sin pensarlo mucho ni hacer trampa!

J: Bueno.

LF: Un libro que te marcó.

J: El primero que vino a mi cabeza, sin pensarlo, es El guardián entre el centeno, muy adolescente.

LF: Jajaja, está bien. Una canción.

J: Jajaja, a ver, a ver, mira pienso en una canción que se llama “La Bohème” Charles Aznavour, que hubo un momento en mi vida que esa canción me hizo como despertar, reaccionar. 

LF: Una obra artística?

J: Mira viene a mi cabeza Chagall, pienso en la pintura que hizo en el cielo de la ópera Garnier, eso es lo primero que viene a mi cabeza, con esos cuerpos que parecen volar, muy chagaliano…

 

LF: Asignatura favorita en el colegio?

J: Lenguaje.

LF: ¿Y en la universidad?
J: Poesía chilena.

LF: Tu lugar favorito en el mundo?
J: Mira en este momento pienso en mi parcela en Ñuble.

LF: Tu hora favorita del día?
J: La mañana, el desayuno.

LF: Jajaja, el mío también. Por último, una palabra para definir la frontera.

J: Muerte.

LF: Una buena palabra.

J: La concepción de frontera actual lleva a la crisis humanitaria, las fronteras han sido y serán la razón de muchas muertes, hoy día por la migración, ayer por las guerras. La frontera es el principal genocida de nuestro mundo.

LF: La verdad es que sí. Muchas gracias por la entrevista, por tu tiempo!
J: Gracias Magdalena, ha sido un agrado esta conversación, me entretuve mucho y traté de responder con honestidad, lo disfruté mucho. Larga vida a literatura de fronteras!

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