La frontera: paradoja de la identidad

La frontera es una obsesión para los poderes políticos y una inquietud de los autores hispanoamericanos, quienes no solo se interesan por las fronteras físicas —que delimitan la soberanía en el Estado moderno—, sino que las utilizan como pretexto para explorar los laberintos de la identidad.

En la introducción de Afpunmapu/Fronteras/Borderlands. Poética de los confines: Chile-México (2015), Tatiana Calderón Le Joliff, coeditora del libro junto con Edith Mora, investigadora y académica del Instituto de Literatura y Ciencias del Lenguaje PUCV, nos guía por un recorrido en torno a los diferentes significados que el concepto frontera ofrece cuando pensamos en la identidad. Propone un diálogo entre la literatura mexicana-chicana y chilena-mapuche que revela tanto el hermetismo como la permeabilidad de las zonas fronterizas.

Pero, ¿qué es lo que une a los autores y las autoras biculturales tanto de la frontera física y simbólica de México-Estados Unidos como en Chile-Wallmapu (territorio mapuche)? Según la académica, en sus textos literarios hay una necesidad de superar la narrativa nacional que convierte a las fronteras en espacios represivos. Por esta razón, sus obras rompen con la idea de una identidad única anclada en la nación. Son relatos, a veces testimoniales, que evidencian la gran violencia que se ejerce en las zonas fronterizas como también las estrategias de resistencia que llevan a cabo las personas afectadas por ese orden impuesto.

Las novelas, los poemas y cuentos que se posicionan en las fronteras de la identidad describen épicas heroicas o antiheroicas, lugares marginales, zonas fragmentadas; construyen una poética vinculada a la libertad y la prohibición en una América Latina marcada por un pasado colonial que se mantiene vigente en los Estados nacionales. En consecuencia, estas literaturas se sitúan en un lugar intermedio, en la zona fronteriza posiblemente utópica, donde brotan imaginarios que cuestionan la política, la historia y la cultura hispanoamericanas.

La académica Tatiana Calderón ofrece seis categorías de análisis para interpretar las obras literarias méxico-chicanas y chilena-mapuches desde la zona fronteriza: desplazamiento, especularidad o métafora de los espejos, traducción cultural, tensión entre memoria-historia, violencia en la frontera y el cuerpo mutilado como metáfora de la nación.

El desplazamiento se relaciona con la era globalizada, con lo simultáneo del ciberespacio que acentúa las contradicciones de las fronteras físicas y simbólicas: ser una entrada y una barrera, un tercer espacio entre dos naciones. Este lugar indeterminado, la frontera, puede ser vista como un teatro en donde los personajes civilización y barbarie aún se enfrentan para legitimar su poder en una tensión espectacular, dramática, de sus identidades.

La metáfora del espejo “constituye el umbral de la entrada en la ambigüedad”, refleja el desdoblamiento de los sujetos fronterizos, su identidad fragmentada visible en sus obras. No es casual que el escenario fronterizo más común sea el desierto y sus espejismos como posibilidad creativa. Es aquí donde la traducción se convierte en un medio de supervivencia –o dominación–  en la frontera y los traductores son el eslabón de acceso a las culturas que convergen en ella.

La historia de la frontera también suele ser olvidada, especialmente a la hora de testimoniar conflictos. Ante una historia invisibilizada se reescribe el pasado con el ejercicio de la memoria. Para Calderón “en el espacio fronterizo se busca la memoria secuestrada por los historiadores, el ejército, las misiones”. Las literaturas de frontera sacan a la luz los archivos ocultos de la historia dominante, concediendo un poder a la escritura; el de otorgar voz a la memoria fronteriza.

Las historias oficiales esconden un rasgo transversal de sus fronteras: el amplio abanico de la violencia. Podemos advertir en esta literatura la violencia social que sufren los mapurbes (mapuches urbanos), la violencia del aparato burocrático en la frontera México-Estados Unidos, la creciente violencia de género, como también la violencia del discurso religioso que acalla la diversidad cultural.

Valdrá el cuerpo mutilado como una metáfora recurrente para describir que “la nación se desintegra”, de ahí que en todas las obras analizadas en el libro Afpunmapu… los sujetos fronterizos son cuerpos fracturados tanto física como culturalmente. Son cuerpos que, enfrentados al espejo, se desdoblan y su imagen se multiplica en busca de una identidad.

Texto reseñado: “La poética de la frontera en la literatura hispanoamericana contemporánea (Chile – México)”

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