Muestra Inoculación de Ai Wei Wei: activismo y disidencia sin fronteras

El artista chino Ai Wei Wei es cineasta, arquitecto, escultor pero ante todo es un activista marcado por el exilio. Su obra, que hasta el 9 se septiembre estará en nuestro país bajo la exposición Inoculación, remece conciencias. Como un virus silencioso pero latente, contagia, inocula en el espectador la reflexión en torno a la libertad de expresión, la inequidad versus el poder, los derechos humanos y la crisis migratoria que hoy desdibuja las fronteras mundiales.

Fundación Corpartes presenta Inoculación, la exposición que evidencia cómo la vida y obra del artista más controvertido de la actualidad están anudadas. No es casual que los visitantes a esta exhibición se enfrenten primero a una línea de tiempo que describe la movediza trayectoria de Ai Wei Wei antes de acercarse a sus obras, las que refieren a su biografía y la contingencia mundial como su preocupación por la crisis migratoria o la denuncia contra la censura China. Para ello, utiliza códigos occidentales con evidentes guiños a sus referentes Marcel Duchamp y Andy Warhol, tanto como códigos orientales con el uso de porcelana, amuletos y muebles tradicionales chinos.

La representación de Mao como el sol y el pueblo como girasoles en Semillas de Girasol, pintadas por 1.600 artesanos expertos en porcelana.

El exilio y la disidencia ante el régimen comunista marcan a Ai Wei Wei y su padre, el reconocido poeta Ai Qing, quien en 1958 fuera acusado por las autoridades chinas de traicionar el régimen de Mao Zedong y fuera deportado junto a su familia a Manchuria. “Antes que poeta, mi padre fue un artista desplazado y excluido en su propio país (…) su tragedia es también la mía”, ha declarado Ai Wei Wei, quien al año 2015 comenzara un exilio voluntario en Berlín luego que el régimen comunista lo apresara en 2011 por 81 días acusado de supuestos delitos económicos y demoliera su taller en Shangai, hecho que es parte de Inoculación a través de videos del derrumbe y la serie Casa de Cangrejos.

“En general, él [Ai Wei Wei] encuentra problemas donde están las tensiones de las relaciones y las formas de poder. No es comunista ni capitalista. Es un libertario y todo su trabajo es sobre ello: mantener la lucha por una idea de libertad”, comentó a medios nacionales Marcello Dantas, curador de Inoculación. Aunque Ai Wei Wei vivió trece años en Estados Unidos—donde estudió arte—vive hoy en el exilio en Berlín y en los últimos dos años ha viajado a 150 destinos distintos; aunque se autodeclare la persona más entrevistada sobre la crisis migratoria, dando hasta la fecha más de 400 entrevistas sobre el tema, al activista chino no le gusta ser etiquetado como el artista de los refugiados. Pero su obra dice lo contrario.

 

Un bote inflable de 16 metros de inquietante color negro en Ley de Viaje.

En Inoculación se puede ver Ley de Viaje un bote inflable de 16 metros que lleva en su interior figuras de PVC de un inquietante color negro, evocando los botes de los refugiados. A su lado un video casero grabado por el propio artista, llamado A bordo, evidencia el esfuerzo de los migrantes por cruzar las costas europeas. En su documental Marea Humana, exhibido en dos oportunidades en Corpartes, Ai Wei Wei registra el desplazamiento de los migrantes por 23 países, mientras en el fantástico empapelado de impresión digital titulado Odisea hace referencia al poeta griego Homero y a su obra homónima, fusionándola con la odisea de los viajes de los refugiados actuales.

 

La instalación «Paso Seguro» se tomó el Archivo Nacional con 14 mil chalecos usados por refugiados. Foto Corpartes.

Usando como referencia imágenes que se encuentran en redes sociales, internet y fotografías tomadas por el propio Ai Wei Wei, en Odisea se retratan campamentos de refugiados, enfrentamientos desiguales y éxodos masivos con un estilo de dibujo que recuerda a las batallas retratadas en las antiguas vasijas griegas. Esta obra dialoga con Vasijas de porcelana apiladas como columna, en donde utiliza artesanía tradicional china para representar seis temas: guerras, ruinas, viaje, cruce de mar, campamentos de refugiados y manifestaciones. Y agregando realidad e historia a los objetos, en la intervención Paso Seguro las columnas del frontis del Archivo Nacional de Chile se recubrieron con catorce mil chalecos salvavidas originales que fueron usados por refugiados que arribaron a la isla griega de Lesbos.

“El gran pueblo del mundo está hecho de refugiados y mi arte le habla directamente a la diferencia, a ellos, a los que lo fuimos y a los que vendrán (…) todas estas tragedias nos pertenecen y tiene algo que ver con nosotros mismos. Y todos, de alguna forma, tenemos responsabilidad en ellas”, ha declarado Ai Wei Wei. Sin embargo, su obra genera críticas e incomodidad, como en 2016 cuando recreó en una fotografía la muerte de Aylan Kurdi, el niño sirio-kurdo encontrado ahogado en la costa de Turquía, quien se convirtiera en símbolo de la crisis migratoria.

El Rompecabezas de la libertad de expresión contra la censura China.

Ante estas críticas el artista respondió en medios: “me satisface más molestarles, porque eso demuestra quiénes son. ¿Por qué no aceptan lo que hago?, ¿qué defienden ellos?, ¿de qué se están protegiendo?, ¿qué les da miedo?, ¿por qué están tan enfadados? Eso me resulta más interesante”. En las treinta piezas que recoge Inoculación, Ai Wei Wei demuestra que la producción artística puede ser un medio para la transformación social y colectiva. En un mundo que cuestiona las fronteras, los roces de su biografía del exilio hacen de Ai Wei Wei un versátil intérprete de la cultura occidental y oriental, pero por sobre todo, un gran traductor de la condición humana.

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