Afropeos: cuando el origen no es el destino

Nadie quiere propagar la buena nueva, ni medios ni políticos quieren precisar que no existen solo dos opciones: “no se es negro o francés, se puede ser negro y francés”. Es lo que Léonora Miano, nacida en Camerún pero residente hace más de veinte años en Francia, proclama en Vivir en la frontera; libro que reúne conferencias impartidas por la escritora en diversas universidades, revelando tanto su pensamiento literario como político.

Miano en una de sus conferencias en festival Puerto de Ideas – Valparaíso 2017.

Pocos son sus libros traducidos al español por más que tenga una prolífica producción literaria y sea constantemente premiada por la crítica. Sin embargo, no es necesario haber leído sus novelas para adentrase en Vivir en la frontera, una serie de reflexiones sobre su trabajo en el que niega las etiquetas de “mujer negra” para declararse simplemente una artista que define su propia identidad como fronteriza, de multipertenencia; quien desea llegar a diversos públicos porque sus novelas hablan de humanidad, de una “interioridad” que no abriga color ni origen. Y siempre cuestiona respetuosamente a sus oyentes, como ella misma dice: “tengo fama de entrar como un elefante a una cacharrería, de perturbar las mentes, de incomodar”.

En sus conferencias—que no quieren ser académicas—deja entrever los cuestionamientos de su juventud en Duoala, zona francófona de Camerún, en el África subsahariana. Y en un sinnúmero de ejemplos en que habla de su vida, sus personajes y su estética literaria, refuerza su hibridez cultural con el término afropeos que designa a los europeos negros que viven en una tierra de la que no son dueños pero en la que echan raíces. Con esta categoría invita a una “aceptación tranquila” de las herencias que conviven en un persona, intentando salir de la caracterización racial empleada, por ejemplo, con términos como afrodescedientes o inmigrantes que traslucen una rígida y estricta pertenencia nacional.

En un actual e interesante cuestionamiento sobre las realidades negras en Francia—país que Miano dice “adora a los negros americanos” pero que no cumple con la promesa de libertad, igualdad y fraternidad para los negros locales y tampoco reconoce a sus héroes negros de la historia—reafirma que ser negro en Francia es una situación de “impoder” en la que no pueden dominar la propia imagen fabricada por los demás, una que los tilda siempre en el lado de la violencia y la pobreza.

Por eso en un país en el que no existe literatura producida por negros para describir las experiencias actuales en la Francia hexagonal, las novelas de Miano con personajes cotidianos—negros y franceses—son un llamamiento a la comprensión de sí mismos más que un alegato. Los negros de ascendencia subsahariana o caribeña, inmigrados de tercera generación, de padres nacidos en Francia, siguen siendo vistos como extranjeros en este país. “Cuando se les mira, nunca se ve en ellos el reflejo de uno mismo”, sentencia la autora.

Miano, entonces, invita a pensar una Francia no fija ni inmutable, una que defina su identidad más allá de los límites de la nación y la raza. El término afropeo, en este sentido, es también el rechazo a una identidad nacional reductora e irritante, “es la unidad en la diversidad”. Afropeo, expresión acuñada por primera vez por el músico David Byrne, tomó nuevas significancias bajo Miano como “un lugar inmaterial e interior, donde las tradiciones, las memorias, las culturas de las que son depositarios se abrazan y todas tienen idéntico valor”.

La escritora, quien estuvo en nuestro país el año pasado invitada por el Festival Puerto de Ideas Valparaíso para hablar sobre migración, describe en este libro de conferencias su estética fronteriza. Entretenida es la anécdota de cómo surgió el ritmo de su escritura basada en la música. Miano, quien desde niña escuchaba a Sara Vaughan y soñaba con ser cantante de jazz, tomó clases de improvisación con “actuaciones bastante penosas”. En más de una conferencia homenajea a Michele Hendricks, su profesora de canto, a quien dice le debe su estética como escritora. “El jazz me dio mi voz de autor”, afirma Miano.

En su particular definición de este género musical, lo describe como “la trasposición musical más exacta de lo que soy: un ser culturalmente híbrido, pero no sin anclajes. El jazz tiene sus orígenes: la América negra y su pasado. Y yo tengo los míos: el África subsahariana y su historia”, argumenta Miano, quien aclara no ser una escritora barroca, sino una escritora de jazz (la mezcolanza), soul (el grito), blues (la realidad). El ritmo y fraseos de sus personajes y novelas están concebidas como un recital de interpretación de clásicos, otras inspiradas en antiguos espirituales o compara a algunos personajes con instrumentos mal afinados, desestructurados.

Léonora Miano narra otros aspectos de su estética, como la identidad sexual de sus personajes, que también es fronteriza. Y reconoce en la frontera una dualidad que asoma los temas de sus novelas. Luces y sombras se contraponen para retratar la naturaleza humana, una lejos de las tensiones identitarias y cercanas a lo que simplemente nos es común, lo que ella denomina “fondo humano universal”. En sus palabras: “el mundo, al que pertenecemos es, ante todo, el que llevamos en nuestro interior”, más allá de la tierra de origen o destino.

 

 

 

Libro reseñado: Vivir en la Frontera. Conferencias (2016),  de Léonora Miano

 

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