Mujer y frontera en Señales que precederán al fin del mundo

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Señales que precederán al fin del mundo (2009) es la segunda novela del escritor mexicano Yuri Herrera. La obra relata los acontecimientos de Makina, una mujer independiente, inteligente y silenciosa que trabaja como traductora en una frontera al norte de México. La acción se desencadena con la tarea que le encomienda su madre: cruzar la frontera e ir en búsqueda de su hermano desaparecido hace ya varios meses, para traerlo de regreso a casa.

Durante el viaje de la protagonista, se puede apreciar cómo su presencia deambula entre los vagones, las alcantarillas y los pasajes de las ciudades fronterizas con precaución y discreción, como un sujeto casi invisible. La novela, no solo logra representar la vida y el espacio físico de los sujetos y su entorno en la frontera mexicana, sino que también permite adentrarnos en la psique de Makina, mujer y traductora, en una frontera violenta dominada por el sexo opuesto.

Sin embargo, una de las características que más llama la atención son los personajes con los que se va encontrando a lo largo de su viaje: todos los hombres desean algo de ella y todas las mujeres, más o menos astutas que Makina, logran valerse por sí misma. Una escena representativa de lo anterior mencionado es cuando Makina inicia su viaje desde su hogar hacia la frontera en un autobús y un hombre empieza a acosarla tocándole sus muslos. Inmoviliza la misma mano con la que fue tocada, se la prensa, toma su dedo medio y se lo jala hacia atrás hasta casi tocar el reverso de su palma, mientras lo amenaza para que la deje en paz; el sujeto obedece llorando. Por el contrario, al término de este mismo viaje en autobús, la ruta se acaba y debe hospedarse para pasar la noche. En el baño aparece una mujer fatigada, al entrar inmiscuye en el bolso de Makina y le saca su labial, se lo aplica y lanza un beso al aire. La protagonista la observa, le sonríe y le dice que quedó muy bella, que le irá muy bien en su viaje.

Señales no solo logra describir un territorio hostil, desértico, maleable y dominado por el hombre, también nos permite adentrarnos en el interior de Makina quien, pese a sus diálogos breves y su solitario viaje, nos entrega la sensibilidad de una mujer que no solo conoce y cruza la frontera, sino también reconoce el poder de la fuerza física y, por sobre todo, de la palabra; maneja los “códigos”; tanto lingüísticos como sociales, de una sociedad donde cualquier paso en falso puede ser de gravedad para un mujer que habita la frontera.

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