Trans-americanidad: Pensar América desde el mapa de las migraciones

El libro Afpunmapu/Fronteras/Borderlands. Poética de los confines: Chile-México (2015) incluye a modo de epílogo un texto llamado “Americanidad a contrapelo” del académico estadounidense José David Saldívar, quien tiene una larga trayectoria en el estudio de las literaturas minorizadas de Estados Unidos. El artículo fue publicado originalmente en inglés como prefacio a su libro Trans-americanity: Subaltern Modernities, Global Coloniality, and the Cultures of Greater Mexico (2012).

Saldívar se pregunta cómo pensar América en la actualidad, desde qué conceptos y narrativas. Para resolver esta problemática, el académico propone hablar de “trans-americanidad”, una noción que crea inspirado por el artículo “La americanidad como concepto” de 1992, escrito por Aníbal Quijano e Immanuel Wallerstein. A pesar de su antigüedad, para Saldívar este texto es crucial a la hora de repensar el continente americano, pues la “americanidad” explica el impacto que “la invención de las Américas”, es decir la llegada de los imperios europeos a este territorio, tuvo en la creación de una modernidad que se caracteriza por ordenar el planeta Tierra como un “mundo” con un sistema económico capitalista.

El académico estadounidense se interesa en la “americanidad” como herramienta para estudiar el continente desde un enfoque que llama transnacional, anti-nacional y extranacional. Con estas palabras apunta a una globalización que permite pensar en un orden social y geopolítico distinto al heredado de la colonia por los países americanos. Esta herencia, nombrada por Quijano “colonialidad del poder”, implica que América continúa estando por debajo de la economía europea y que las propias sociedades de sus naciones se ordenan jerárquicamente según su cercanía y lejanía a la cultura del viejo continente, generando categorías raciales y de etnicidad como “negro”, “indio”, “blanco”, “criollo”, “mestizo”, entre otras. De ahí que Saldívar se proponga pensar América desde una postura anti-nacional, reconociendo en cambio los cruces entre naciones, es decir, lo transnacional. En cuanto a lo “extranacional”, Saldívar afirma que toma prestado el término de un grupo musical afro-celta llamado The Outernationalist, que enfatiza su sonido “planetario”.

Como consecuencia de lo anterior, Saldívar propone la trans-americanidad: nombrar y pensar el continente ya no desde los estados nacionales, sino a partir de los imaginarios de las culturas llamadas “menores”, como por ejemplo las culturas afrodescendiente, latina, asiática y chicana (de los mexicoamericanos) en Estados Unidos, que traspasan las fronteras geopolíticas estatales. Saldívar afirma que el flujo migratorio que se vive desde la Americanidad del Sur a la Americanidad del Norte desafía los estudios sobre cultura y literatura realizados bajo un esquema nacional. Argumenta que los habitantes del territorio del norte, especialmente Estados Unidos, tienen orígenes muy diversos, historias, bagajes culturales y clasificaciones etno-raciales divergentes.

Por lo anterior, Saldívar se interesa en “mapear las pequeñas voces” literarias de las culturas subordinadas de los Estados Unidos, poniendo atención a los sistemas de expresión, las propuestas estéticas -gramaticales y de sintaxis-, como el pensamiento de creadores que llama “trans-americanos”, de frontera y de la diáspora, entre éstos, la escritora afroamericana Toni Morrison y la escritora chicana Gloria Anzaldúa. Su interés está en analizar los modos de representación de las experiencias sociales de subyugación ante una cultura nacional dominante.

En consecuencia, Saldívar invita a repensar los territorios americanos como espacios geográficos interculturales. La “americanidad a contrapelo” constituye una manera de observar las múltiples temporalidades desiguales y subalternas que coexisten en un mismo territorio.

Texto reseñado: “Americanidad a contrapelo” de José David Saldívar

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